Estábamos aquí de charleta, y hemos llegado a la conclusión de que ALBOROTADOR GOMASIO son el grupo ideal para que un joven o jóvena se adentre en esto que, humildemente, pensamos que es la música que merece la pena; esa que te hace sentir vivo, removerte por dentro. Hacerte pensar y cantar a grito pelado en el coche o en tu habitación. Lo mismo que sentimos otros tantos antes, incluso algunos que llegaron a ser héroes. Porque ellos tienen ese «teen spirit» y eso, no nos engañemos, ni se compra ni se vende; y no tiene nada que ver con la edad, por más que los publicistas nos lo hayan querido vender así. Ellos (AG) te hacen sentir eso mismo que consiguieron los Ramones, los Jesus, Parálisis, los Spacemen, los Nikis, la Velvet o los Planetas: no necesitas ser un virtuoso para hacerlo; solo tener la pericia y actitud suficiente para hacerlo de verdad, desde dentro, con el corazón; saber tocar las teclas exactas para que aquello se convierta en una expresión artística verdadera o, como dijo John Lennon: «Di lo que quieres, dilo honestamente y ponle un ritmo». Y eso te abre todo un universo: «Yo también lo puedo hacer» o «hazlo tú mismo (DIY).» Y en eso entroncan con el punk, que aunque sea un espíritu primigenio, una actitud vital (al menos así lo sentimos y entendemos), nació como movimiento musical-respuesta a esa otra interpretrada por «dioses» inalcanzables que se situaban a años luz de su audiencia, listos para ser idolatrados. Becerros de oro… pero la historia se repite, y hoy otros siguen repitiendo la misma fórmula, despojados del «oro» pero llevándose la plata. Ellos (AG) han sabido interpretar lo mejor de la «movida» (y mira que la palabra, por manida, tira de espaldas), lo mejor del «indie» primigenio (lo del indie ya ni te digo), lo mejor del punk (dejando de lado los exabruptos vacíos) y lo mejor de lo mejor. Y es que en «Los excesos de los niños» todas y cada una de las canciones son buenas, y lo sabes porque puedes disfrutarlo de principio a fin; y la certeza llega cuando cada día te levantas con una canción distinta en la cabeza. Estos muchachos no podrían haber montado una empresa o un restaurante, solo podrían haber formado un grupo, y eso es lo que son: al menos para nosotros, el penúltimo grupo definitivo, y nos dan esa energía que nos hace dedicarnos a esto por más que el día a día esté lleno de sinsabores. Tienen los pies sobre el suelo, el de aquí y ahora, y la clase suficiente como para ni adoctrinar ni situarse moralmente por encima de nadie. Alborotador Gomasio están con nosotros, y nosotros con ellos, y eso nos hace sentir muy felices y orgullosos.